historia de la revista litoral
60 años
de arte y la literatura
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Emilio Prados |
Manuel Altolaguirre |
En 1926 un grupo de artistas deciden crear en el Sur de España una revista de PoesÃa. Eran los años del charleston, nacÃa Marilyn Monroe y morÃa Rodolfo Valentino.
La revista fue fundada en Málaga con el nombre de LITORAL por Emilio Prados y Manuel Altolaguirre, con la ayuda de un grupo no muy extenso de colaboradores entre los que se encontraban prosistas, poetas, dibujantes y tipógrafos: LITORAL ¡Qué bellÃsimo nombre para una revista —decÃa Rafael Alberti—. Debo recordar que yo he tenido algo que ver con él. En mi viejo soneto A un capitán de navÃo... por ti los litorales de frentes serpentinas... y en muchos otros poemas de Marinero en tierra y libros posteriores, empleé esta palabra con tanto Éxito, que cuando en aquellos años iniciales de mi generación lanzaron la revista, la palabra que ya ondeaba desde hacÃa tiempo repetida en el aire, fue elegida y estampada por ellos, en lo alto de su cubierta, en bellos caracteres negros sobre un profundo azul Mediterráneo.
El proyecto de editar en aquellos años una revista literaria de vanguardia era difÃcil, pero se cristalizó con el entusiasmo de estos dos jóvenes poetas que tuvieron la fortuna de contar con los más valiosos creadores de la que iba a ser la nueva Cultura española.
El primer
número de Litoral
El primer número de LITORAL aparece en otoño de aquel año con esa cubierta de color azul Mediterráneo, que acentuaba la vocación marina del grupo.
En efecto existe una carta fundacional de Prados al pintor Manuel Ãngeles Ortiz en la que incidÃa en el propósito de hacer una revista que evocara al mar y con esas directrices le solicitaba un dibujo para la portada.
El resultado fue un pez saliendo del agua, sÃmbolo que ha permanecido inalterable hasta nuestros dÃas. Ciertamente el mar estaba muy cerca de la pequeña Imprenta Sur donde se componÃan esas primeras páginas de la revista, una calle cercana al puerto de Málaga: Nuestra imprenta tenÃa forma de barco —recuerda Altolaguirre—, con sus barandas, salvavidas, faroles, vigas de azul y blanco, cartas marinas, cajas de galletas y vino para los naufragios. Era una imprenta llena de aprendices, uno manco, aprendices como grumetes, que llenaban de alegrÃa el pequeño taller, que tenÃa flores, cuadros de Picasso, música de Manuel de Falla y libros de Juan Ramón Jiménez en los estantes...
En ese taller, que entre otras cosas conservaba en un rincón una escafandra de buzo y en el que se oÃan las sirenas de los barcos, los dos jóvenes poetas, con elementos tipográficos importados de Alemania, Francia e Inglaterra, componÃan pacientemente a mano y letra a letra los primeros poemas de esa futura generación de artistas. En el sumario de aquel primer número en el que se encuentran Federico GarcÃa Lorca, José BergamÃn, Jorge Guillén, Gerardo Diego, entre otros, se empieza a configurar lo que hoy se conoce como la Generación del 27, el grupo poético más importante de este siglo dentro de la literatura española.
LITORAL era más que una revista, era un grupo de artistas que manifestaban sus comunes ideales estéticos en una ciudad hasta entonces sin una tradición poética y artÃstica de repercusión.
En aquel grupo de LITORAL siempre se estuvo atento a las corrientes más innovadoras que iban sucediéndose en una época de grandes convulsiones, tanto sociales y polÃticas como culturales. Aquel año morÃa el arquitecto Gaudà y se inauguraba en la ciudad alemana de Dessau la nueva escuela de arquitectura de la Bauhaus. En España se creaba la Escuela de Arte de Vallecas en la que figuraban el escultor Alberto Sánchez y BenjamÃn Palencia y se formaba la Alianza Republicana con Antonio Machado, Blasco Ibáñez, Marañón, etc.
Homenaje a
Luis de Góngora
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Dibujo de Pablo Picasso en el homenaje publicado a Luis de Góngora. Litoral, octubre 1927 |
La poesÃa es lo único que nos salva —pregonaba Emilio Prados— y con ese fervor de ola aparece al mes siguiente el número 2 de LITORAL, con una sirena del pintor BenjamÃn Palencia en portada. Colaboran en ese ejemplar Luis Cernuda y Ramón Gómez de la Serna.
Paralelamente a la revista van apareciendo sus Suplementos. El primero es Tiempo de Prados, al que le siguen Canciones de GarcÃa Lorca, La amante, de Rafael Alberti, Caracteres de BergamÃn, y Perfil del Aire, de Luis Cernuda. El tercer número de la revista aparece en marzo de 1927 e incluye a Dámaso Alonso y a Vicente Aleixandre y tiene la peculiaridad de que la portada es uno de los primeros dibujos publicados de GarcÃa Lorca, un marinero con una rosa en el corazón y la palabra «amor» escrita en la gorra.
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Portada de Juan Gris en el homenaje publicado a Luis de Góngora. Litoral, octubre 1927 |
Pero es en octubre de 1927, al aparecer el número 5, 6 y 7, cuando todos aquellos intelectuales que habÃan empezado su labor en torno a los años veinte se unen en una publicación periódica; es el testimonio conjunto más importante de ese momento cumbre en la evolución generacional: un número homenaje de LITORAL reivindicando la figura de Luis de Góngora.
En este ejemplar además de toda aquella generación de jóvenes poetas colaboran Manuel de Falla, que entrega la versión musical del soneto Córdoba de Góngora, que se publica con carácter autógrafo, también el pintor Juan Gris con un maravilloso y perfecto bodegón cubista para la portada, que realiza poco antes de morir, y Pablo Picasso con una reproducción a color, y Salvador DalÃ, BenjamÃn Palencia, Bores, JoaquÃn Peinado, Gregorio Prieto, Cossio, etc. Por muy importante que sea poéticamente este extraordinario número, no se podrá decir que lo es menos pictóricamente, no tan sólo por la reconocida valÃa de los artistas plásticos que plasmaron su arte, sino además por la significación histórica de muchas de esas colaboraciones. Con este volumen acabarÃa la primera etapa de LITORAL: Siete números en cinco entregas desde noviembre de 1926 a 1927.
La revista dejarÃa de publicarse durante todo 1928 y parte de 1929; hasta que, bajo la iniciativa del poeta José MarÃa Hinojosa, que se incorpora a la dirección junto a sus creadores, vuelve a ver la luz. En esta, su segunda etapa, la revista tomará un rumbo marcadamente surrealista.
Ãmbito y
Jacinta la pelirroja
Pero el silencio de LITORAL no supuso el paro de la imprenta. Por el contrario, siguieron editándose los Suplementos de la revista. En 1928 se imprime el primer libro de uno de los grandes poetas de aquella generación: Ãmbito de Vicente Aleixandre, al que le siguen La Toriada de Fernando Villalón y Jacinta la pelirroja de José Moreno Villa.
Esta segunda y breve etapa se termina en 1929. El proyecto de editar una nueva revista, enteramente surrealista, acaba con LITORAL. Proyecto que nunca llega a realizarse, aunque se tiene constancia de que se manejaron nombres tan elocuentes como "PoesÃa y destrucción" o "El agua en la boca" y que se contaba con la participación de Cernuda, Aleixandre y el apoyo de DalÃ. Se pierde asà la ocasión histórica que habrÃa dado una dimensión colectiva al surrealismo en la penÃnsula.
Iniciados los años treinta el grupo va desperdigándose. Las circunstancias sociales y personales llevarán a cada uno de sus componentes por caminos diversos. En 1931 se proclama la II República en España y los surrealistas se adhieren a la Asociación de Escritores y Artistas Revolucionarios: Prados, buceador de sus propias minas secretas o el cazador de nubes como lo llamaba Lorca, se radicaliza hacia posiciones de izquierda y Altolaguirre retoma en ParÃs sus actividades editoriales publicando Cuadernos de PoesÃa.
El destierro
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Tercera época. |
En 1936, José MarÃa Hinojosa es fusilado por un pelotón de ajusticiamiento de milicianos republicanos y tres años más tarde Emilio Prados sale con destino a México con un grueso de exiliados. Son años difÃciles para la cultura.
En 1944, Prados, junto a Altolaguirre, que habÃa llegado de Cuba un año antes, y otros tres poetas españoles, José Moreno Villa, Juan Rejano y Francisco Giner de los RÃos, deciden resucitar LITORAL para recuperar su propia conciencia intelectual tras ver sus ideales truncados por la guerra civil. No hay en esas páginas un atisbo de rencor y sà una melancólica tristeza.
Tan sólo aparecerÃan tres números en esa tercera etapa, y uno de ellos en homenaje al prestigioso crÃtico Enrique DÃez Canedo. En este LITORAL nos encontramos con todas las voces del destierro, entre las que se encontraban las de Juan Ramón Jiménez, Max Aub y León Felipe.
LITORAL será en el futuro algo más que una revista de aquellas décadas. LITORAL será ya un sÃmbolo de aquella generación rota brutalmente por la guerra civil. En México mueren Emilio Prados, Luis Cernuda, León Felipe, Juan Rejano y Pedro Garfias.
Nueva dirección:
José MarÃa Amado
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José MarÃa Amado |
En mayo de 1968, en pleno mayo francés y aún vigente la funesta sombra de la dictadura, vuelve a aparecer LITORAL, en su cuarta etapa y en la Málaga que la vio nacer. Esta vez de la mano de José MarÃa Amado, quien se encarga de resucitarla con el mismo espÃritu liberal que la caracterizó en sus inicios. Ya no estaban ni Prados ni Altolaguirre, éste último habÃa muerto en 1959 en un accidente de automóvil, pero estaban sus amigos, entre ellos el editor Ãngel Caffarena, el mecenas de artistas Jesús UssÃa y los miembros supervivientes de aquella generación, Alberti, BergamÃn, Aleixandre, Guillén, Giner de los RÃos... Y estaba la pequeña imprenta cercana al puerto, todavÃa con algunos de aquellos jovencÃsimos operarios que vieron sus primeros azules en 1926, la máquina Monopole de imprimir, que es hoy una pieza de museo, y los mismos elementos tipográficos que empleaba Altolaguirre: tipos Ibarra, Elzeviriano, Baskerville y Bodoni, que daban una sensación de gravedad y de liviandad a los versos.
Entre los grandes retos de este renacido LITORAL estaba el de mantener el mismo nivel de calidad editorial que sus predecesoras. Se eligió un papel verjurado crema de similares caracterÃsticas al empleado entonces y se cuidó al máximo la tipografÃa con bellas capitulares. A diferencia de los anteriores se escogió un color rojo para la portada y se subtituló como Revista de la poesÃa y el pensamiento.
Libertad intelectual
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Collage de Rafael Alberti |
Uno de los propósitos, y asà se señala en el número 1 de esta cuarta etapa, era rendir un culto a la verdad, no a la verdad que la historia habÃa silenciado durante treinta años, sino a la verdad de la PoesÃa. El secuestro de ejemplares fue alguno de los obstáculos que José MarÃa Amado tuvo que sortear para sacar adelante este LITORAL. Francisco Giner de los RÃos, último superviviente en la dirección de la revista en el exilio, escribÃa al cumplir esta última etapa 20 años: "Es admirable el tesón casi heroico con que la libertad intelectual se defendió y se mantuvo en la revista frente a toda clase de persecuciones policÃacas de la censura".
En esos primeros años literarios se hicieron homenajes a Alberti, Lorca, Alberto, Picasso, Prados, Altolaguirre y Machado. Desde Madrid mandaba de puño y letra su colaboración BergamÃn y Aleixandre y volvÃa a dibujar Manuel Ãngeles Ortiz, cuarenta años después de haber realizado la primera portada de la revista: Este nuevo LITORAL de Málaga —escribÃa Alberti—, vieja morada de mi ayer juvenil, hoy revivido albergue y azotea en donde la segura, batalladora mano de José MarÃa Amado y otros buenos amigos le abren la alegrÃa y reposo, frente al aire y el mar, vivificadores perennes de su vuelo. Pero además de difundir la obra de los artistas del 27, la revista se abrió a las nuevas generaciones, tanto de dibujantes como de poetas.
Se publicaron aportaciones a la poesÃa del cincuenta y el setenta, donde figuraban jovencÃsimos escritores entonces, hoy ya consagrados, como Antonio Gala, Félix Azúa, José AgustÃn Goytisolo, José Manuel Caballero Bonald, Félix Grande, Fernando Quiñónes, Carlos Sahagún, José Ãngel Valente, Vicente Molina Foix, Juan Cruz, Ana MarÃa Moix, Fernando G. Delgado, etc. Una puerta se abrÃa en la poesÃa española de postguerra. Eran antologÃas con carácter urgente que empujaban con aires renovadores. La revista tenia una deuda con el pasado pero no debÃa olvidar nunca su fiel compromiso con los movimientos de vanguardia, tanto artÃsticos como literarios. A partir de los años cincuenta, se fue manifestando en los jóvenes artistas españoles una clara voluntad de superar los rÃgidos esquemas expresivos que habÃan dominado la poesÃa y el arte de la postguerra. Se empezaron a romper las mallas disciplinarias. Además de esa predominante tendencia ética a lo social donde brillaban con luz propia poetas como Gabriel Celaya y Blas de Otero, empezaban a surgir aventuras expresivas novedosas. Claudio RodrÃguez, Ãngel González y Jaime Gil de Biedma, fueron los precursores de esa nueva generación de poetas. A Gil de Biedma la revista le dedica en vida su último homenaje, se llamó El juego de hacer versos.
En la pintura también se rompÃan formas y se iniciaba una inusitada etapa aperturista para la vida artÃstica española. Una vanguardia activa que creaba nuevos cauces de participación.
EstÃmulo.
Litoral y Picasso
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Dedicatoria de Pablo Picasso. 1970 |
En 1969 LITORAL recibe la primera de una serie de cuatro dedicatorias de Pablo Picasso, quizá el mejor estÃmulo que podrÃa recibir una publicación en el mundo. La revista le dedicarÃa, dos años más tarde, un espléndido homenaje al cumplir sus noventa años. Poetas y pintores de todas las generaciones se unen para felicitarle, textos que se reproducen de manera autógrafa. Picasso recibÃa periódicamente LITORAL y la comentaba cuando le visitaba Alberti en el sur de Francia.
Ejemplares dedicados a la música en un homenaje a Manuel de Falla (1973) y al arte de los toros, completan la temática de aquellos primeros años. BergamÃn, gran taurino, publicarÃa años más tarde en la revista su libro lustración y defensa del toreo (1974).
José BergamÃn, al igual que Rafael Alberti, tiene una importancia decisiva en esta última etapa de la revista. Casado con Rosario Arniches, hija de Carlos Arniches, se emparentaba con José MarÃa Amado, a su vez, sobrino nieto del gran sainetero español. La relación con BergamÃn era familiar y la revista contó siempre con su colaboración. Se publicaron La claridad desierta (1973) uno de sus últimos libros de poesÃa; también un excelente epistolario en verso con Alberti titulado De x a x (1982) y la antologÃa poética Por debajo del sueño, tras ser elegido en 1978 la personalidad literaria más completa por laamplitud de su expresión y con mayor proyección sobre nuestra cultura de los miembros aún vivos de la Generación del 27. En 1984, un año después de la muerte de este gran francotirador del pensamiento español, la revista publicarÃa en tres tomos una AntologÃa PeriodÃstica con gran parte de su obra publicada en prensa y revistas.
Un camino nuevo
A principios de los años setenta, la revista se dedica a difundir la obra de sus creadores publicando con carácter facsÃmil los números de sus primeras etapas. LITORAL buscaba un camino nuevo, al tiempo que encontraba sus raÃces en lo que era la Historia. El propósito fundamental de reproducir aquellos números iniciales era mostrar una manera de imprimir que marcó una época en el arte de la tipografÃa. Fueron los grandes maestros del diseño en unos años en que esta palabra conllevaba la paciente nobleza de la artesanÃa más pura. Cada letra se tenÃa que coger con una pinza en un proceso lento y meticuloso. Las erratas, por supuesto, eran numerosas pero siempre se suplÃan con bellÃsimas "fe de erratas". Con el tiempo el modo de imprimir fue variando. De aquella artesanÃa editorial con "tipos de caja" de la Imprenta Sur, luego llamada Dardo, se pasó a las linotipias de imprentas mayores que podÃan confeccionar la revista de una manera más rápida. La idea del "facsÃmil" se amplió más tarde al publicar gran parte de sus primeros "Suplementos".
En 1973, huyendo del golpe militar en Chile, llega a Málaga otro miembro surrealista de aquel grupo Litoral de los años veinte: DarÃo Carmona. Escritor, dibujante, comentarista de televisión y secretario durante un tiempo de Pablo Neruda. Con la colaboración de DarÃo Carmona, LITORAL denuncia la muerte del gran poeta chileno. Eran años de compromiso, donde se luchaba por la libertad de la palabra. LITORAL pedÃa la AmnistÃa al Rey y se hacÃan recopilaciones temáticas sobre los poetas que habÃan sufrido a lo largo de la historia la cárcel y el exilio.
Lorenzo Saval. 1975
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Obra de Enrique Brinkmann |
En 1975 se incorpora a la dirección junto a José MarÃa Amado, el poeta y pintor Lorenzo Saval, sobrino nieto de Emilio Prados.
En aquellos años se hicieron números dedicados a La vanguardia española (1975), Dionisio Ridruejo (1975), León Felipe (1977), Miguel Hernández (1978), César Vallejo (1978), Luis Cernuda (1978), Rafael Guillén (1979), Juan Rejano (1980), Emilio Prados (1981), Vicente Aleixandre (1981), Pedro Garfias (1982), MarÃa Zambrano (1983), Francisco Giner de los RÃos (1987), y otras entregas extraordinarias como la publicación por primera vez en España de Roma peligro para caminantes (1974) de Rafael Alberti. En estas monografÃas, además de la obra, se incluÃan generalmente textos inéditos y se reproducÃan facsÃmiles, manuscritos, cartas y fotos. Eran verdaderos órganos de documentación y estudio.
Artistas de todas las épocas dibujaban para la revista. Desde pintores que vivieron el surrealismo en sus inicios, como Maruja Mallo, Eugenio Granell o José Caballero, hasta esa nueva generación de artistas que iban surgiendo: Enrique Brinkmann, Stefan, DÃaz Oliva, Barbadillo, Antono Jiménez, Juan Béjar, Eugenio Chicano, Francisco Peinado, Miguel RodrÃguez Acosta, y poetas pintores como Rafael Pérez Estrada o JoaquÃn Lobato. Más tarde colaborarÃa una nueva generación de artistas más jóvenes, entre los que se encuentran Diego Santos, José Ignacio DÃaz Pardo, José MarÃa Prieto, Diazdel, Paco Aguilar o MarÃa José Vargas Machuca.











